Los tallos de maíz, mora y romero son los suficientemente espesos y altos para olvidar la distracción visual y auditiva de una ciudad cubierta por concreto. Como un oasis oculto en el desierto, se encuentra la huerta que cuidad María Alitio Rodríguez, una sabia montañera que no ha dejado de arar la tierra.
Ciudad Bolívar, la tercera localidad más extensa de Bogotá, siempre ha sido un escenario en el que la agricultura urbana y las fachadas verdes no son algo novedoso, pues aquí muchos de sus pobladores han conservado sus actividades agricultoras.
“Yo siembro de cada cosa un poquito: cebolla, lechuga, aromáticas, maíz, papa, tomate, repollo, hortalizas y frutas y luego las compartimos con los demás vecinos”, María
Como una agricultora innata, María reconoce cada semilla, las recoge y las riega, las poda, les cura las plagas con pesticidas naturales, prepara cada terreno de siembra y tiene en cuenta cada ciclo de cultivo, aunque no esté en el monte con grandes cosechas.
Según ella hay poco tiempo para dedicarle a la huerta, y aunque “briegue” con los vecinos que le piden pero no le ayudan, reconoce que estos pedacitos de tierra son espacios que unen, enseñan y enriquecen, pues fortalcen la economía local y la seguridad alimentaria y nutricional. En el caso de ella la motivan más a cumplir su sueño…